¿SOMOS TELEADICTOS?
02/03/09: No es la primera vez que hablo, en este blog, sobre la televisión que padecemos los ciudadamos del mundo occidental. Pero en esta ocasión intentaré trasmitiros algunas reflexiones mucho más profundas acerca de este aparato que yo calificaría de infernal. Confieso que de un tiempo a esta parte no soporto la programación con la que nos "deleitan" las cadenas televisivas. Es más apenas la veo; solamente me interesan los programas de humor y algún que otro documental de fauna y flora. El resto de la programación, en mi humilde opinión, no es más que basura y manipulación de masas. Particularmente son los informativos junto a los realitys shows los que mas asco me dan. ¡¡No los soporto!!. Por un lado mentiras en forma de supuestas noticias y por otro el morbo de los ya citados realitys. ¡Vaya panorama tenemos amigos!.
En los últimos años el negocio de los “Reality Show” ha crecido asombrosamente, podemos ver en televisión realitys shows de prácticamente todo, personalmente os puedo mencionar algunos de los que recuerdo:
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Gran Hermano
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O.T.
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La isla de los famosos
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La casa de tus sueños
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La granja de los famosos
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Granjero busca esposa
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Fama
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Esta casa es una ruina
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Invitame a cenar esta noche
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Supervivientes
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El granreto
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Pekin Spress
...y un sinumero más de espacios televisivos que de alguna forma tambien
reflejan esta tendencia. Me refiero a esos magazines tipo "El programa de Ana o Alicia o Pepa", me da igual. En cualquier caso son programas que siguen el mismo formato de morbosidad en el que los "invitados" dan cuenta de su vida a traves de preguntas que rozan la autentica desverguenza, tipo La Caja o El Juego de tu vida de Telecinco, y similares.
La lista, como ya he dicho, es extensa y el común denominador en todos los casos es que estos programas por más que algunos los consideremos basura tienen audiencia, tienen sus fanáticos y sus incondicionales seguidores. ¿Por qué soportamos este tipo de programas televisivos chatarra? La respuesta es sencilla, nuestro morbo nos mantiene interesados en ver que escándalo ocurrirá hoy en el reality. Y desgraciadamente es la realidad, el escándalo vende, podemos comparar el rating del programa de los domingos “Escuela para Padres” con cualquiera de los otros reality show y veremos la abismal diferencia entre unos y otros.
Estos programas, por desgracia, no cesaran de televisarse ya que son gran negocio y podemos ver a las grandes compañías mediáticas inyectándole enormes cantidades de dinero a estos programas chatarra por concepto de publicidad. La información es poder. El morbo es producto. El dinero es el resultado. Siempre el puto dinero.
La Tv marca tendencias y pensamientos, no hace falta ni que refleje las que se ven fuera, es tan fuerte que es capaz de crear las suyas y hacer que te las tragues. Junto con su moral. Vendida a políticos, religiosos o cualquier otro grupo de poder. Perpetuando el círculo vicioso. Continuando el patético juego.
Dueños de televisiones. Dueños de empresas. De muchas empresas. Con ellas, publicidad y eslóganes que hablan de la autoperfección, de la autorealización y de lo fácil que es conseguirlas sin tan siquiera moverte de tu casa. Anuncios de ropa interior y de comidas bajas en grasas y calorías. Consejos superfluos de lo que debes tener en tu cuerpo, armario o garaje para sentirte mejor. Un bombardeo constante de superficialidad, alejada del sentido y la razón. Telelobotomía. Una operación a distancia para reconstruir tus circuitos cerebrales sin usar ni cirugía.
Así despertaron y siguen despertando al voyeur que llevamos dentro. Vendiéndonos intimidad para que no pensemos en lo penosa que es la nuestra. Series que perpetúan un espíritu de rebeldía que se ha convertido en apatía resentida, perpetuando sueños que pocas veces conseguiremos. Aceptación sumisa, como borregos. Conocimientos inútiles que embotan nuestro cerebro y solo hacen que veamos al Gran Hermano desde el otro lado del espejo. Ese que describe Palahniuk. Ese que te mantiene ocupado entre ilusión de información, entretenimiento de masas y ruido de risas de muertos grabadas hace más de 60 años. Ese que hace que no consigas pensar en qué quieres hacer con tu vida porque todo tu cerebro ya está ocupado.
Y ahí es cuando todas las patrañas te entran una a una, sin remedio. Directas a tus ojos, a tu garganta y a tu cerebro. Lo dominan todo. Son el nuevo Dios.
Desde que Paul Gottlieb Nipkow desarrollara en 1884 lo que llamó “el disco de Nipkow”, el televisor ha ido desarrollándose hasta la actualidad llegando a las plataformas digitales por satélite.
Desde entonces hasta nuestros días es raro el hogar (en occidente) que no disponga de uno.
Nuestra generación ha crecido con la televisión como referente. Dejábamos de jugar con los amigos para correr a casa a ver tal serie, o no salíamos a la calle hasta que no había concluído esa otra. Pero, antes, en España sólo había dos canales y ¡aún nos quedaba tiempo para jugar con los trompos y al esconder!
Nuestros hijos, cuando nacen, lo primero que ven es el teléfono móvil de papá, haciéndole una foto que colgará en su FaceBook y al llegar a casa, se dormirá escuchando El Gran Hermano, o con El Diario de Patricia.
La “tele” es la Reina de la Casa. Es tal su dominio que incluso la sala de estar se diseña por y para ella. Es el “altar” hacia donde el resto del mobiliario se coloca, estando en preminente posición con respecto a los demás. El sofá no es para charlar, es para ver la “tele”. La mesa y sillas no son sólo para comer, sino para comer viendo la “tele”. Si un familiar, un ser querido, alguien por quien hemos luchado y por quien daríamos la vida sin pensarlo, se cruzara por delante nuestro y de la “tele” nos enfadamos como si nos hubieran quitado un pedazo de pan que nos íbamos a llevar a la boca. Si alguien nos habla, lo hacemos callar como si nos fuéramos a perder una valiosa información de la que dependiera nuestra vida (pero en realidad, sólo se trata del último rumor sobre la Pantoja).

La “tele”, nuestra querida “tele” nos acompaña siempre. Incluso en las extrañas tardes en las que nos reunimos con amigos, la “tele” está encendida como si se tratara de otro anfitrión más de la casa, que los recibe con algún videoclip musical.
Y este estado sumiso ante un artefacto, que ya es peliagudo el término, no tiene importancia si lo comparamos con la “programación mental” a la que estamos sometidos.
La “tele” cuando es utilizada como arma en vez de somnífero, es cuando se convierte en un lobo disfrazado de oveja. Un programa, luego otro y otro, y otro más, nos induce, sin darnos cuenta, a un estado predeterminado de acción o de inacción. La “tele” deja de ser un receptor para convertirse en un emisor, y nosotros, obedientes receptores, asimilamos la programación que nos impone, sin darnos cuenta. Lo que oimos y vemos es “La Verdad”. De lo que hablamos fuera de casa es de “La Verdad” que coincide con “La Verdad” de los demás. En “La Verdad” están definidos distintos puntos de vista para entretener con debates ideológicos, cuando el emisor está apagado, que no se escapen al control de “La Verdad” y distraigan a sus servidores en el trabajo o en el bar.

Recuerdo que cuando era un niño, la sección de deportes, en el telediario ocupaban los últimos cinco minutos, antes de la previsión meteorológica. En la prensa diaria, el espacio dedicado no pasaba de un par de páginas. La gente hablaba de fútbol, de su equipo favorito, pero también hablaban de mejorar en sus puestos de trabajo o de cómo salir del atolladero de turno. Ahora, la “tele” ofrece programas de larga duración sobre fútbol y demás deportes, los periódicos tienen suplementos deportivos o son exclusivamente de deportes. La gente se queja menos, prefiere hablar del Real Madrid o del Liverpool que pensar en cómo llegar a fin de mes.
Tenemos un backdoor en el cerebro. Nuestro ordenador central tiene un troyano por el que se cuela todo tipo de programas ejecutables y de spam publicitario que nos obliga a comprar impetuosamente y sin control. Nos ralentiza la RAM impidiéndonos actuar con lógica ante problemas fáciles de solucionar. Además infectamos a los demás con la información vírica que recibimos, entrando en un juego de competencia y desconfianza, patrones principales por el que se rije el virus en cuestión. No nos fiamos de nadie ni de nada y queremos ser mejores que aquel, cueste lo que cueste.

Un pensamiento único basado en el entretenimiento y control de las masas, aplicando la fórmula para que se sostenga el máximo de tiempo posible, para que éstas repliquen el mensaje y se envuelvan en él, como una manta cálida de falsa protección, convirtiéndolo en un monotema, en un pensamiento fascista que aisla de cualquier otra tendencia que puedan lanzar políticos, escritores o intelectuales tal y como afirma en sus ensayos el filosófo alemán, Peter Sloterdijk. Lamentablemente, la idea no es nueva, ya decían los romanos, Panem et circenses (...al populacho: pan y circo).
Por suerte aún quedan rebeldes, creyentes independientes de la imagen en movimiento. Condenados. Desterrados. Vagando por la red de redes en busca de una selección de contenidos de calidad. Ellos no nos la van a dar, están demasiado ocupados manteniendo el engaño mientras cuentan sus ganancias. Y si los que viven de esto no inician la revolución que necesita el medio televisivo, debemos ser nosotros, los telespectadores, los que les devolvamos todos los vómitos que nos provocan delante de sus puertas.
Que huelan lo mismo que nosotros cuando vemos lo que nos ofrecen al encender esa caja de plástico. Quizá así comprendan qué se siente, notando ese hedor una mañana tras otra. Quizá así reaccionen de una puta vez para que a todos nos desaparezca la nausea de una vez por todas.
Más información en:
Tags: telebasura manipulación programación reality show mentiras informativas
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Lamentablemente esto es cierto...
La tv es como una somnifero potente y silencioso q nos mantiene alejados de la realidad q hay afuera...diferente a la q nos muestra esta...
Sinceramente q dá lastima y me desalienta pensar q haya un grupo de "seres" que ha inventado todo este sistema para apoderarse de nuestra voluntad y Alma....
Sigamos viendo q pasa... :/
bye°